Real Madrid sella su 12ª Copa de Europa

MADRID.

El Real Madrid revalidó el título, algo que ningún equipo había conseguido en la era de la Liga de Campeones, y se apuntó su duodécima corona continental.

El equipo que dirige Zinedine Zidane, que disputó su decimoquinta final de la máxima competición continental, ganó el pasado año al Atlético de Madrid tras una tanda de penaltis y alcanzó un logro que nadie conseguía desde que el Milan se impuso al Steaua Bucarest y al Benfica en las campañas 1988/89 y 1989/90.

El Real Madrid se confirma como rey de Europa con sus doce títulos, cinco más que, precisamente, el Milan, y quedan con cinco Liverpool, Bayern Múnich y Barcelona.

España amplía a 17 los títulos conseguidos. Esos trofeos los han sumado Real Madrid y Barcelona y sólo otros dos clubes, Atlético de Madrid y Valencia, lograron alcanzar la final. Italia e Inglaterra quedan con 12.

Convertido en una máquina de ganar, el Madrid dejó otra huella para la posteridad en su exclusivo viaje lunar por la competición de clubes más prestigiosa del universo.

En Cardiff se entronizó otro Madrid de leyenda, y no solo por su 12º podio. Por su doblete tras 59 años y por enganchar dos Copas de Europa 57 años después.

Por sumar tres títulos en cuatro años. Por no ser ya un Madrid galáctico, sino una cofradía zidanesca justo en el curso de menor gasto, lo que revela que el fútbol no tiene precio.

Por todo ello, no caerá en el olvido y se rebobinará de generación en generación que en una noche bajo techo en Cardiff, otro Madrid glorioso arrolló esta vez a la Juventus, que no es un equipo de monaguillos, sino una orden de pretorianos con el imponente Buffon canoniza Para la Juve no hubo consuelo.

En realidad nunca lo tiene: siete azotes en nueve finales. Parece que en Europa el destino nunca otorga al cuadro piamontés un partido de vuelta.

Ante el Madrid tuvo mucho poso en el primer tiempo, pero luego sucumbió ante un rival telescópico, machote, abrumador… No es fácil dejar sonado al grupo juventino. Hay quien dijo que la realidad es la escoria de la ilusión. El disparado Real del segundo acto se lo hizo ver.

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